
Artículo publicado en la edición del domingo, 24 de enero de 2010
Diario El Carabobeño
Sección: Creando futuro
“Si confieres un beneficio, nunca lo recuerdes; si lo recibes, nunca lo olvides”.
Quilón de Esparta
Mucho se ha escrito sobre la importancia que tiene dar las gracias, el beneficio tangible que produce en quien las recibe y en quien las otorga. Siento la necesidad de escribir este artículo para agradecer tantas maravillas que me sucedieron el año pasado, y aunque las personas a quienes tengo que agradecer reciban mi gratitud personalmente, escribir esta nota abrirá el espacio de llegarle a aquellos a quienes quizás no reciban mi agradecimiento por considerarlo impropio, inmerecido o desdeñable.
Lo primero es agradecer al diario El Carabobeño por este espacio con el cual honra mis escritos todas las semanas, los días domingo. Es un privilegio que agradezco, pues conozco la importancia que tiene este medio, que, además de ser leído nacionalmente en su versión impresa y digital por miles de venezolanos, es uno de los medios más visitados por los venezolanos en el exterior y por otros a quienes les agrada su formato fresco y su equilibrio editorial. Le agradezco a cada uno de quienes hacen posible que se publique este diario y sus otros medios especiales tan interesantes.
Les presento también mis respetos y les ofrezco mi gratitud a mis lectores. Digo “míos” porque, aunque son lectores de El Carabobeño, dedican algunos minutos a leer mi columna “Creando Futuro”. Algunos la recomiendan a otros lectores y hasta me escriben para comentar acerca de los artículos, argumentar acerca de lo que escribo o manifestar sus desacuerdos con mis opiniones. Espero que pueda atraer su interés hacia lo que escribo, que desafíen mi intelecto y mi pluma para producir algo que merezca ser leído.
Quiero dar las gracias a mi esposa, a mis hijos y a mi querido hermano, por su amor durante todo el pasado año. Fue un año complejo en el cual hubo algunas dificultades que probaron nuestra fortaleza como grupo familiar, y siento que somos una mejor familia por la resiliencia que produjo este fragor en el cual vivimos. Le doy gracias a Dios por mi familia y le pido su protección para cada uno de quienes la conforman.
Reconozco el apoyo maravilloso que recibí de mis amigos de la infancia, la adolescencia y juventud temprana. Insisto en la importancia de los amigos de toda la vida y les agradezco a aquellos compañeros de mi Colegio Gonzaga, que hicieron todo lo que pudieron para contactarme en el año en cual cumplimos 40 años de graduados de bachiller, para que estemos en comunicación. A mis amistades de Maracaibo, las de siempre, que supieron de mis dificultades y se acercaron para brindarme todo su apoyo. Incluso a aquellos amigos que en las vicisitudes no me apoyaron e incluso me perjudicaron, les envío un mensaje de afecto y cariño, les pido que no me guarden rencor y me perdonen por mis errores.
Reconocimiento doy a mis amigos de Caracas y del resto del mundo, que están a mi lado en las buenas y en las malas y me hacen saber que una amistad que termina nunca fue amistad. Que me reclaman mis errores, pero están a mi lado para que los corrija. A quienes me escriben y no les contesto pero me vuelven a escribir, porque al hacerlo lo que desean es que yo reciba sus saludos y buenos deseos y no esperan que se los retribuya a ellos.
A mis compañeros de trabajo a quienes incluyo como mis amigos, que superaron los conflictos, aprietos, trances y obstáculos de un año complejo y que permitieron que nuestra empresa viera los frutos de nuestro trabajo en equipo de alto desempeño. Estamos juntos y seguiremos contribuyendo a la felicidad de nuestros socios de aprendizaje, a través del aprendizaje transformador. Cada socio de aprendizaje, de los muchos que nos acompañaron el año pasado, deseo que reciba mi afecto y gratitud, por permitirme aprender a su lado.
¡Gracias a Venezuela!, por ser un país tan hermoso, con tanto futuro.
¡Gracias a Dios por todo!























